Nodriza Studios: detrás del sonido
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Nodriza Studios: detrás del sonido

Legeremens · 1 de marzo de 2026

El estudio huele a café caliente, a amor por el arte y a cordialidad. No es una metáfora: es lo primero que te recibe al cruzar la puerta. Lo segundo es Ulises Sánchez, el verdadero dueño del lugar y mascota gatuna de Camilo, quien se encarga de darte la bienvenida entre maullidos suaves y rozamientos cariñosos, como si supiera que estás entrando a un espacio donde algo importante está por suceder.

Aquí, la música no solo se graba; se construye con paciencia, con escucha y con una sensibilidad que trasciende lo técnico.

El rol de cada instrumento

Cada integrante de la banda no solo ejecuta su instrumento, sino que lo interpreta desde sus propias referencias musicales y su forma de entender el arte.

Sara, en el bajo, no responde al estereotipo de agresividad que muchos asocian con el género. Su interpretación es sutil, delicada, pero firme; hay una claridad en su postura musical que le permite decidir cuándo intervenir y cuándo dejar respirar la canción. Si no hay necesidad de distorsión, no la habrá. Y en esa decisión hay carácter.

Thom, desde las orquestaciones y los teclados, aporta una riqueza particular. Su formación musical, sumada a sus influencias del power metal y su experiencia en proyectos como Valkian y Hexamelody, le han permitido desarrollar un criterio sólido y versátil. Su trabajo no solo adorna: construye atmósferas, dirige emociones y amplía el alcance sonoro de cada pieza.

Yeison, quizás el miembro más reciente, atraviesa un proceso constante de transformación. Con múltiples referencias dentro del metal, su enfoque está en dejar de pensar como guitarrista para consolidarse como un baterista integral. Ese tránsito se percibe en su disciplina y en la evolución de su interpretación.

Nathalie posee una potencia vocal que no se limita a los códigos del metal. Sus influencias vienen del pop, los boleros, los tangos y otros géneros que le permiten construir una identidad vocal distinta. Su voz no solo sostiene melodías: les da color, intención y una fuerza emocional que atraviesa cada canción.

Leynthon, desde su intuición, aporta una dimensión más oscura y mística. Su trabajo con la guitarra de 8 cuerdas añade una densidad particular, una atmósfera que envuelve y sostiene el carácter de las composiciones. No es solo técnica: es una forma de sentir el sonido.

Marcela, en el violín, vivió un proceso de crecimiento significativo durante la grabación del álbum. Su formación en música tradicional y en géneros más comerciales le permitió aportar un nivel de precisión y profesionalismo notable. Además, su capacidad de adaptación al lenguaje del metal no solo enriqueció las canciones, sino que también ofreció una nueva perspectiva a la banda, reforzando la disciplina y la constancia como pilares del proceso.

Las noches largas

Si hay un lugar donde el tiempo parece detenerse, es en las noches de producción. Allí, el trabajo de Camilo Sánchez se vuelve casi obsesivo, en el mejor sentido de la palabra. La búsqueda del VST adecuado, la selección precisa de cada plugin, el detalle en cada ecualización, en cada compresión.

Nada se deja al azar.

Refinar cada nota implica decisiones constantes: cuantizar cuando es necesario, pero también humanizar cuando la música lo exige, especialmente en el uso de instrumentos MIDI. Encontrar el equilibrio entre precisión y emoción se convierte en una tarea minuciosa.

A eso se suma la construcción de atmósferas, la búsqueda de contundencia sin perder claridad, la intención de lograr un sonido propio que no sea solo técnicamente correcto, sino también significativo.

Ese proceso, silencioso, extendido, casi invisible para quien escucha el resultado final, es el que realmente define el carácter del álbum. Son esas noches largas las que terminan dando forma a un sonido que, más que escucharse, se siente.